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En el alumno adolescente la duración e intensidad del ejercicio puede afectar en gran medida a los órganos locomotores, tanto desde el punto de vista morfológico como bioquímico.


Las prácticas de entrenamiento producen efectos a nivel muscular, aumentando la fuerza contráctil del músculo, la circulación periférica se ve aumentada favoreciendo el riego sanguíneo y el sistema nervioso central permite de forma más favorable la coordinación general.


La capacidad contráctil de las fibras de cada sujeto y su mayor rendimiento están supeditados en gran medida a los caracteres genéticos, pues cada individuo nace con un cierto número fijo de fibras musculares y una tipología que, según el caso, intervendrá en mayor o menor medida en la capacidad motriz.


Toda actividad física demanda oxigeno. Cuando el oxigeno consumido durante el ejercicio es menor o igual al torrente circulatorio se dice que el trabajo es aeróbico; existe por tanto un equilibrio entre el aporte y el consumo de oxigeno.


En el entrenamiento de un músculo se debe tener presente el objetivo del entrenamiento. Debemos tener en cuenta, que en función de la duración del esfuerzo intervienen diferentes procesos fisiológicos para aportar energía. Los esfuerzos breves dependen prioritariamente de procesos anaeróbicos. En los esfuerzos prolongados los procesos aeróbicos desempeñan un papel fundamental.


Hay que tener en cuenta que el corazón del niño va aumentando de tamaño de forma paralela al del resto de sus dimensiones corporales, en especial respecto al peso. Existe un crecimiento acelerado desde el nacimiento hasta la pubertad, durante la cual el desarrollo es menor. Caso de que no exista entrenamiento físico intenso el volumen del corazón permanece ya invariable a partir de los 14 años en las niñas y de los 16 en los varones.


Por su menor volumen el corazón del niño, antes de la pubertad, presenta valores muy inferiores respeto del volumen de sangre que es capaz de expulsar en cada latido. Por ello, para mantener niveles adecuados de gasto cardíaco -volumen minuto cardíaco- (VMC) conforme a las necesidades, tanto en condiciones de reposo como durante la actividad física, la frecuencia cardíaca (FC) es muy elevada, tanto más cuanto menor es la edad y especialmente en las niñas. Por estas características particulares la respuesta cardiovascular en el niño y el adolescente presenta aspectos diferenciales destacables respecto del adulto.


Por el contrario el comportamiento aeróbico del adolescente es comparable al del adulto, y aunque en ocasiones se ha creído erróneamente que la capacidad del adolescente para realizar trabajo "continuado o de duración" es superior a la del adulto ocurre que, frente a un trabajo de potencia relativa similar, el niño prima sus posibilidades aeróbicas (por su menor capacidad anaeróbica), aunque ello no significa que las posibilidades aeróbicas de las que dispone puedan en términos relativos ni absolutos, ser superiores a las del adulto.


A medida que el alumno se acerca a la pubertad (11 a 16 años), estas diferencias van haciéndose menos importantes de forma que en el transcurso de la misma, el comportamiento metabólico frente al ejercicio es muy similar al del adulto joven.